sábado, 21 de junio de 2008

ramoncastro.es

(…) Casi sin darnos cuenta, la noche nos sorprendió mostrándonos un cielo estrellado lleno de contrastes donde la más brillante de las luces que nos guiaban no pertenecía a una estrella sino a un planeta llamado Planeta Educativo. A partir de aquel cuerpo celeste podríamos encontrar cualquier camino, cualquier dirección, cualquier lugar donde descansar y prepararnos para la siguiente jornada. Y así fue, porque Juanjo, sentado al borde del camino, recordó una antigua ruta, un lugar en el mundo que le había sido desvelado en una de aquellas conversaciones sobre las cosas de la vida que había mantenido en bares y tabernas, allá, en esa otra vida de profesor (…)

No hay comentarios: